martes, 14 de mayo de 2013

Pánico en la panadería


Dicen mis allegados que la primera palabra que dije en mi más tierna infancia, incluso antes que papá o mamá, fue pan, y además que lo hacía con una claridad y volumen que no dejaban lugar a dudas de lo que estaba pidiendo.
Pan con pasas
Soy un comedor compulsivo de pan, un simple pedazo, para empujar, me convierte en un Mr. Hide capaz de devorar cualquier producto de la panadería que se me ponga por delante.
Entenderán entonces cual fue mi reacción cuando me pidieron que recogiese el pan en la panadería al volver a casa. Es como dejar a una persona con una adicción incontrolable a cargo de aquello que se la produce. Un escalofrío me recorrió la columna y mis jugos gástricos empezaron a trabajar a mil por cien.
Durante varias horas me costó mantener la concentración, los preocupados compañeros de trabajo se interesaron por mi salud, mi estado de ánimo, o por si tenia algún problema porque “parecía preocupado”. ¡Si ellos supiesen!
Llegado el momento, toda la calle olía a pan recién hecho. ¡Pero lo peor estaba por llegar!
El despacho de pan estaba lleno... de pan... de todas las formas, tamaños, estado de tueste, posibles.
Poco menos que en estado catatónico me deslicé inconscientemente hasta el mostrador, no podía retirar la vista de las estanterías.
Los clientes se apartaron nada más verme entrar, haciéndome un pasillo, un niño se escondió detrás de su madre "¡Mamá, un zombie!". Algunas voces sugirieron reservar el derecho de admisión, hubo quién pidió que me dieran un cacho pan para que me fuera, por Dios...
El panadero, mientras me calibraba con la mirada: "¿Que se habrá tomado este?", esperó primero pacientemente, luego cambiando de color y finalmente con una clara desesperación a que le pidiese algo.
Como si fuera tan fácil, la vista de tanto pan me tenía hipnotizado.
Por fín tras un intento de motín de los demás clientes, el panadero me reconoció y me puso lo de siempre. Para entonces, y con la barra de pan bajo el brazo, hice esfuerzos por no comerme el currusco, mientras un tic en mis ojos, apenas me permitía distinguir el camino a casa.

photo credit: karramarro via photopin cc

viernes, 15 de febrero de 2013

Restaurante es palabra tabú

Si ya es difícil mantener el tipo comiendo con la familia y amigos, hacerlo en un restaurante es una nueva vuelta de tuerca. Nada nos prepara para la más miserable de las  realidades. Si tienes que comer sólo determinados alimentos y... sin sal, no existe y repito no existe ningún tipo de norma, escrita o no, que diga o siquiera insinúe que por el hecho de estar en un restaurante te puedas saltar la prescripción. Pierde toda esperanza.
Ya antes de llegar tus jugos gástricos te han subido a una especie de nube placentera, de la que cuanto antes te bajes, mejor parado saldrás en la caída.
La sala está llena de gente, en las mesas donde ya sirvieron la comida, disfrutándola, y en las que está por llegar, con expectación, pero en todas con placer.
Pierde toda esperanza...
Es un verdadero acto de masoquismo por tu parte siquiera el plantearte estar allí. Pero como la vida es así, te vas a caer con todo el equipo.
La carta, la desmenuzas, da igual que sólo tengan media docena de platos y fueras cliente habitual. Si tuvieses que contestar a las preguntas de un examen sobre ella, aprobarías. Y, sí, no hay ni un sólo plato en el menú que haga referencia a lo más importante para ti: que no lleve sal.
Da igual que te conozcan o no, en el momento de pedir se va a hacer un silencio enooooorme y todo el mundo levantará la cabeza para mirarte. Es posible incluso que se asome el personal de la cocina.
Pides un pescado hervido, esperando que el chef recuerde, entre tanta nueva cocina, platos de autor y mal entendida autoestima de posible estrella michelín, como se prepara algo tan sencillo. Esperas también que en un arranque de creatividad no se le ocurra customizarlo.
La petición les suena extraña, y es entonces, cuando toca bien por tu parte o por algún acompañante explicar la polémica elección.
El pescado irá acompañado por una ensalada sin aliñar, recalcas esto y la importancia de que el elemento sal no aparezca por ninguna parte.
Con una sonrisa profesional te sirven el plato, mientras la expectación en el resto del local, da paso a todo tipo de comentarios, los más de pena, algunos jocosos, casi todos con el añadido de un “yo no podría”...
No habrá postre, ni café. Pero a pesar de todas tus precauciones tendrás un sabor salado en la boca toda la tarde.

jueves, 31 de enero de 2013

Supervivencia


Han pasado unos años y parece que si se se puede sobrevivir sin sal. Al menos nadie me ha dicho que me haya muerto. Esto también puede ser por que como me ven tan entusiasmado no quieren sacarme de mi error : '¡No vaya a ser que se muera el pobrecito!'
En este tiempo otros amigos y conocidos se han ido incorporando al club, alguno de ellos ocultamente. Parece que esto de comer sin sal es como un estigma, que la gente cuando se entera, te mira con pena y desde una distancia prudencial, no se les vaya a pegar algo. '¿Será de nacimiento? ¿Donde lo habrá cogido? ¿Se le puede da la mano sin peligro?'
La respuesta a estos enigmas de la humanidad aquí próximamente, o no.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La visita al súper

Habrá que comprar algo para comer, deberíamos ir al súper o gran superficie. ¡Que gran decepción! No sólo es que la mayoría de lo que te apetece no lo puedes comer, es que prácticamente cualquier producto envasado lleva... sal. Te pasas toda la mañana de departamento en departamento leyendo etiquetas compulsivamente. Incluso algún producto te da esperanzas, pero si la sal no es uno de los primeros ingredientes, aparece como una condena al final de la lista o por el medio. Ahí estás, en  un sitio enorme lleno de comida con tu carro vacío dando vueltas como un poseso. Incluso la sección de productos dietéticos está llena de sal. Seguramente está noche tendrás pesadillas. Por fin encuentras unas cuantas cosas que llevarte a la boca que no incluyen el fatal elemento entre sus componentes, incluso unas galletas de cereales que no llevan ni sal ni azúcar, y marchas para casa con la sensación, agridulce, de haber ganado una batalla.
Pero la guerra no ha terminado y aún no sabes la que te espera...

¡Vámonos de tapas!

¿Nunca les ha pasado llegar a una cafetería de nuevas, y que no sólo parezca que no existes para los camareros sino que a todo el mundo le ponen unas hermosas tapas con su consumición, mientras tú estás tomándola a palo seco? A estos establecimientos yo los denomino de "muerte súbita", porque no vuelvo y si algún amigo o conocido es cliente me encargo de que no vuelvan.
Pues bien, si a ustedes les han puesto a comer sin sal, sus problemas de invisibilidad se han a acabado. Será usted el tipo más popular del bar, le estarán esperando con sus mejores y más abundantes viandas. En cuanto acerques tu figura, o tu sombra, a la barra, te estarán ofreciendo exquisiteces varias para acompañar tu consumición, eso si, te las ponen directa y espectacularmente sin preguntar, en un alarde de generosidad por parte de la casa.
Todo el mundo quedará contigo para tomar una copa, tú sólo beberás agua, pero ellos se pondrán hasta... allí de tapas.
No importa que les expliques que no puedes tomar nada, desde ese día te preguntarán hasta el infinito si quieres alguna tapa de la casa.

sábado, 16 de agosto de 2008

¡Que bien, el desayuno!

El primer día de tu nueva vida se presenta... ¡Señor, ahora te acuerdas de las palabras mágicas: D I E T A R I G U R O S A!

Superado el primer momento de pánico, reflexionas.

Veamos, no puedes tomar café, dado que eres cafeadicto habrá que encontrar algo con que sustituirlo... ¿Té? Pues va a ser que no.
¿Descafeinado? No te gusta, pero como remedio urgente para hoy bastará.
Decidido, descafeinado y una tostada, pero nada de mantenquilla ni mermelada.
La tostada de casa aun tiene un pase, pero te toca comértelas también sin sal.

Mientras te lo tomas -entre pastilla y pastilla-, te das cuenta que se va a ir a la porra tu vida social, sobre todo en el trabajo. Esos momentos de relax con tus compañeros en el maravilloso mundo del café de máquina -que sirve para todo, atascar o desatascar cañerías, según el momento-, se han acabado. Y como ya habías dejado de fumar, ya no tienes excusa para levantarte de tu mesa y darte un paseito.

A mal tiempo, buena cara, veremos que nos depara el día.

viernes, 15 de agosto de 2008

Y llegó la noche

... Y venga a darle vueltas a la cabeza y a la cama. Que lleva a una 'persona normal' a tener unos resultados de análisis más baqueteados que una barraca feria, que le hace parecer una olla express con la válvula atorada y con el corazón dando saltos incluso en estado de reposo.
Recapitulando, dieta rigurosa, nada de café, nada de sal, nada de grasas, nada de alcohol, nada de fumar, nada... de nada...
“Que dejes de dar vueltas en la cama y te duermas. Pesado."
Que poca comprensión.
Pero siempre está el sofá y esos maravillosos soporiferos y socorridos documentales.
Mañana será otro día... Sin sal.